La crisis alimentaria en el actual contexto económico internacional

Texto: Germán Rojas

Vivimos momentos difíciles en todo el mundo. Con la Globalización, de la que nadie se escapa, los problemas económicos y sociales que se producen en cualquier lugar del globo terrestre tienen impacto real y no solo emocional en el resto del mundo. La crisis financiera que aún perdura por más que se quiera maquillar, es de proporciones magnas y perdurará durante más tiempo. Ningún país del mundo se ha librado de ello. Reducción de las tasas de crecimiento, aumento del desempleo, menores inversiones, déficits públicos, caídas de las tasas de ahorro… no son sino algunos de los muchos temas que se escuchan por doquier.

Y, por cierto, ello también ha tenido un impacto atroz sobre la situación alimentaria mundial. Hoy por primera vez en la historia de la humanidad hemos superado la fatídica barrera de los 1.000 millones de personas que sufren de hambre crónica en todo el mundo. Es decir, uno de cada seis seres humanos está hambriento. Esto nos enfrenta una vez más a la gran paradoja de nuestros días: vivimos en un mundo en el que existen suficientes alimentos para todos y, sin embargo, no somos capaces de que todos tengan acceso a dichos alimentos.

Economato Sierra de Piura (Peru)

Los precios alimenticios en los países pobres permanecen obstinadamente altos pese a haber tenido buenas cosechas de cereales en los últimos años, según estimaciones de la FAO, la producción mundial de cereales ha batido record situándose la media de la producción mundial en 2000 millones de toneladas, cifra jamás alcanzadas hasta la fecha.

A pesar de esta situación mundial satisfactoria en materia de suministros de cereales, 31 países de todo el mundo necesitan asistencia exterior a causa de una inseguridad alimentaria crítica. 20 están en África y 11 en Asia y el cercano Oriente. En los últimos años se ha sumado Haití a esta lista de países afectados por cataclismos naturales (terremotos, sequías o inundaciones), guerra, conflictos sociales o desplazamientos forzados de población.

En la década de los ochenta y a principios de los  noventa del pasado siglo XX se alcanzaron progresos para reducir el hambre crónica debida, en parte, al incremento de las inversiones en agricultura tras la crisis alimentaria mundial de principios de los setenta. Pero desde mediados de los noventa hasta nuestros días, el número de hambrientos se incremento en todas las regiones excepto en Latinoamérica y el Caribe.

Prácticamente la totalidad de las personas subnutridas en el mundo reside en los países de desarrollo. En Asia y el Pacífico, la región más poblada del mundo, vive el mayor número de personas que padecen hambre (642 millones). En África subsahariana el 32% de la población esta subnutrida (265 millones de personas). Sin embargo, el mayor incremento porcentual en el número de personas que padecen hambre en los países en desarrollo se produjo en África del norte y en el Cercano Oriente, con un aumento del  13,5%, alc

anzando ya los 42 millones. El hambre en América Latina y el Caribe ha aumentado de 47 a 53 millones en los últimos años, una situación que revierte los logros alcanzados con anterioridad.

Según los cálculos de Naciones Unidas, la población mundial pasará de los 6.800 millones de personas de hoy a los 9,100 millones en 2050. Para hacer frente a esta nueva situación, la producción agrícola deberá incrementarse en un 70%. Será necesario realizar inversiones netas de 83.000 millones de dólares cada año en la agricultura de los países en desarrollo. También se calcula que se necesitan 44.000 millones de dólares anuales de Ayuda Oficial al Desarrollo en inversiones en infraestructura, tecnología e insumos modernos en los países en desarrollo, una cantidad pequeña, si se compara con los 1,3 billones de dólares que el mundo gasto en armamento en 2013.

Otro obstáculo importante de la agricultura para lograr alimentar a la población mundial lo encontramos en el cambio climático. Está previsto que afecte a los sistemas agrícolas y forestales debido a las temperaturas más altas, una elevada concentración de dióxido de carbono, cambios en el régimen de lluvias, aumento de la maleza, plagas y enfermedades. A corto plazo se espera que aumente la frecuencia de fenómenos extremos, como sequias, olas de calor, inundaciones y fuertes tormentas.

Es necesario aumentar el compromiso

de la comunidad internacional y elevar las inversiones en agricultura para erradicar el hambre en un plazo lo más breve posible. El reto es la erradicación total del hambre de la faz de la tierra en 2025 e incrementar la Ayuda Oficial al Desarrollo a la agricultura hasta alcanzar los 44.000 millones de dólares anuales.

Es una situación inaceptable que cada seis segundos un niño muera de hambre en el mundo. El reto es grande pero los mil millones de hambrientos no pueden esperar.

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