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Aceitera de usar y tirar, ¿a gusto de todos?

Envasadora de una almazara de Palma del Río

Envasadora de una almazara de Palma del Río

Comienza la cuenta atrás para que, en menos de un mes, las clásicas aceiteras rellenables de bares, restaurantes y catering comiencen a sustituirse por otras precintadas y debidamente etiquetadas que, cada vez que se queden vacías, no se puedan reponer con el aceite de oliva que el hostelero crea conveniente.

El sector del aceite de oliva aplaude esta medida -recogida en un Real Decreto aprobado por el Consejo de Ministros, a instancias del Ministerio de Agricultura, y que se enmarca dentro del Plan de Acción sobre el sector del aceite de oliva de la Unión Europea-, pero si hay un eslabón de esta cadena que no acaba de enganchar con la normativa es el de la hostelería, que la tacha de “negativa”. La opinión del consumidor final, en cambio, tendrá que esperar, ya que aun está por ver si le subirán el precio de la ensalada o de la tostada por usar envases de usar y tirar.

El presidente de Asaja Córdoba, Ignacio Fernández de Mesa, no duda en alabar esta normativa en tanto en cuanto “dignificará el aceite de oliva” y supondrá que “el consumidor hará una degustación directa” del producto, ya que en algunos casos, a los clientes de la hostelería se les da gato por liebre. Además, “hay que defender a quien produce calidad”. Respecto a la posible subida de precio, Fernández de Mesa, indica que “no tiene sentido” que se produzca esa variación de costes.

El presidente del Consejo Sectorial de Aceite de Oliva de Cooperativas Agroalimentarias de España, el cordobés Rafael Sánchez de Puerta, explica que esta medida “no beneficia ni a productores ni a envasadores, los cuales se limitarán a repercutir en el precio final el mayor coste del envase, siendo el consumidor el gran beneficiado”.

De esta manera, Sánchez de Puerta apunta que “si con un litro de aceite de oliva tenemos aproximadamente para 50 tostadas, un desayuno se encarecería tan sólo un céntimo de euro”, con lo que no considera el sobrecoste un problema; y más si se tiene en cuenta que “la medida sólo afecta al aceite ofrecido en sala y puesto a disposición de los consumidores, por lo que en absoluto influye en el aceite utilizado en las cocinas, que es el que representa mayor gasto en los bares, restaurantes y hoteles”.

Las almazaras también muestran su satisfacción por el Real Decreto que obliga a ofrecer aceiteras no rellenables (en el formato que cada uno crea oportuno), al igual que ocurre en Italia y Portugal, aunque temen que, si finalmente los hosteleros demandan envases monodosis, no puedan hacer frente a ese gasto. Incluso piensan que las cualidades organolépticas del aceite de oliva se vean mermadas con este tipo de envase, ya que al ser más pequeño, se puede amontonar en algún lugar del establecimiento donde les de la luz directamente.

Hasta aquí, todo el mundo parece estar más o menos contento, pero ¿y la hostelería? Desde la Federación Española de Hostelería (FEHR) se considera que esta prohibición tendrá una serie de consecuencias para el sector, como que los nuevos formatos supongan un incremento de los precios del aceite de oliva y un gran impacto medioambiental, ya que se incrementará el volumen de envases, plásticos y vidrios que generan estos negocios.

Además, FEHR considera que “no se ha realizado un estudio de las nuevas necesidades logísticas, de ubicación del producto y de espacio que harán que el aceite pueda desaparecer y ser sustituido por condimentos y aliños diferentes, más cómodos, sencillos, económicos y no sujetos a normativas tan estrictas como la que se pretende imponer al aceite de oliva”, señalan.

Sea como fuere, ya no hay marcha atrás y en los dos primeros meses del año que viene el consumidor verá cómo se sustituyen las aceiteras rellenables por otras que haya que tirar una vez que se agote el producto y que, como novedad fundamental, incluya el etiquetado nutricional obligatorio. Para Sánchez de Puerta, esta es “la mejor presentación que podemos hacer de nuestro oro líquido” y se muestra convencido de que, “al igual que otras medidas ya superadas, afirmaremos dentro un tiempo sobre la aceitera rellenables… ¡qué barbaridad!”.

Archivado en: Agricultura, Desarrollo Rural, gastronomía, Industrias agroalimentarias

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